lunes, 22 de febrero de 2010

Hermanos.

5.

Pov Heidi:

Sería idiota decir que no estaba feliz porque si que lo estaba, aun no le había confesado a mi hermano que estaba enamorada de él y no lo pensaba hacer. Llevábamos unos días tranquilos, no nos habíamos vuelto a acostar pero nos besábamos cuando nos apetecía, muchas veces incluso parecía que nos devorásemos pero sabíamos controlarnos bien…

Tanto él como yo habíamos estado viéndonos con otras personas, él con su ex-novia, amiga mía, Flavia y con otras que ahora no recuerdo el nombre… Cosa que me hacía ponerme bastante celosa, pero lo lograba disimular, ya empezaba a ser consciente de que a pesar de todo lo que sentía, mi hermano al final acabaría saliendo con cualquier chica que lo hiciera feliz. Y yo quedaba con varios chicos y chicas para qué negarlo, los cuales ninguno llegaba a llenarme… Incluso llegué a tener un lio con Pijo… Puf, mejor no recordarlo, fue traumático ver como no pude terminar y salí corriendo ante la cara de cuadro que se le había quedado… Pobre…

Él último beso del año me lo había dado mi hermano, antes de salir por la puerta de mi casa…

- Feliz año nuevo preciosa y pásalo muy bien esta noche- Se giró dándome la espalda, para volverse de nuevo a mirarme – Ah, se me olvidaba – Dió un paso hacia mí cogiéndome de la nuca, acercando su cara a la mía. Sonrío de lado para acabar juntando sus labios con los míos…

Vale, día 1 de enero y yo me había levantado con la sonrisa tonta de buena mañana, recordando ese beso, me levanté de la cama, era año nuevo y estaba feliz… Diós, que raro en mí… Hice lo típico de todas las mañanas, ducharme y ponerme una ajustada camisa y unos pantalones ceñidos super monos, que me habían regalado por navidad, me miré en el espejo y me autodediqué un beso, antes de ir a casa de mi hermano quería pasar por casa de Papi, de Puntis y de Klein, así que agarré las llaves del coche y me dispuse a hacer mis visitas de año nuevo.

Y tras un desayuno con Papi y un almuerzo con Puntis, acabé por fin en casa de Klein, mi gavilana, mi compañera de trabajo, con la que tenía una relación más que profesional. Me abrió la puerta de su apartamento con la típica sonrisa juguetona, y yo estaba de buen humor, dispuesta a comerme el mundo esa mañana.

- Un día de estos te arrancaré las tetas de un bocado – podría sonar a broma pero había más seriedad en las palabras de las que podría imaginar cualquier persona, ella me dejó espacio para pasar a su apartamento, cuando entré fui directa al salón, el cual tenía decorado con cuadros ultra modernos, sonreí para mí – Feliz año Gavilana.

Escuché sus pasos detrás de mí, lo que provocó que me girara, estaba masajeándose los pechos delicadamente por encima de su fina camiseta, que hacia que se le trasparentara el sujetador, lo estaba haciendo a propósito, al parecer, se había levantado con ganas de jugar y sabía perfectamente que me fijaría en sus manos más que en cualquier otra cosa. Me pasé la bola del piercing por los labios alzando una ceja, mirando sus pechos, la verdad es que la jodida tenía unas tetas perfectas, a pesar de que fueran operadas - Que costaron una pasta amor, no te las comas – Su voz era insinuante, le gustaba jugar, no es que fuera bollera ni nada por el estilo, pero sabía reconocer cuando una mujer me ponía y cuando no, así de paso, podía olvidar por unos segundos a mi hermano, el cual no dejaba de estar en mi cabeza.

Me acerqué a ella sin apartar la mirada de sus pechos, viendo sus manos cada vez apretándoselos más. - ¿Te ayudo? – Miré un segundo sus ojos, quería ver sus ojos en el momento en el que se lo preguntase, no me equivocaba, sus ojos se abrieron ilusionados tras mis palabras, sabía que Klein estaría dispuesta a mantener una relación conmigo, pero para mi tan solo era un juego, me agarró de las manos llevándolas a sus pechos, los cuales acaricié por encima de la camiseta, hice una mueca con un sonido de negación – Así no me gusta tocarlos – Quité las manos de sus pechos llevándolas al filo de su camiseta, levantándola lentamente, viendo como la piel de mi compañera se empezaba a poner de gallina, sonreí de lado, aun no le había casi ni tocado y ya estaba más que puesta. Dejé una mano en su vientre llevando otra por el final de su espalda, subiendo la palma de la mano por su columna, haciendo una ligera presión con mi dedo pulgar hasta llegar al broche de su sujetador, ella tiró el cuello hacía atrás relamiéndose los labios, lo que me dió permiso a morderle el cuello mientras desabrochaba su sujetador, subí la mano que tenía en su vientre hasta arriba, agarrándolo del canalillo, tirando de él hacia delante dejando sus pechos al descubierto, puse una cara chulesca , ella se miro los pechos haciendo un leve movimiento hacia arriba para que sus pechos botasen, jodida gavilana…

Llevé mis dedos a sus pezones recorriendo la aureola con la yema de estos, pasando levemente mi dedo índice por su pezón derecho – Quiero ver esos pezones alumbrar toda la puta casa – Sonrió, cogiéndome la mano libre llevandose los dedos a la boca, humedeciéndolos con su lengua, pasando el filo de esta por el principio de mis dedos, puff… Puta gavilana, como movía la puñetera lengua, ella sola bajo mis dedos humedecidos por su saliva a su pezón, moviendo mi mano sobre ellos, sin que yo tuviera que hacer ningún tipo de esfuerzo… Negué e incline mi cara hasta el pecho en el que tenía una de mis manos, pasé mi lengua por su pezón, sabía donde tenía que lamer, pues una mujer sabe mejor que nadie donde esta el punto clave de otra mujer, la otra mano la seguía apretando con ansia, con ganas y descaro. Escuché una risita juguetona por su parte, me imagino que debido al estremecimiento que le causaba mi lengua en esa parte de su cuerpo, uno de sus pezones ya estaba totalmente endurecido - Uno ya esta puesto, ahora vamos al otro – Repetí la misma operación en su otro pecho sin dejar de acariciar con mis dedos el que ya estaba puesto, notaba su piel cada vez más erizada y sonreí, como me gustaba verla así.

- Hmm... Hei... ¿Sabes que me estás poniendo calentita? – Subí mi lengua por su canalillo, hasta su cuello donde di un pequeño mordisco lascivo, para terminar mirándola a los ojos.

- Y sabes perfectamente que es eso lo que pretendo - Le sonó el móvil, una melodía muy cool como era ella, nos separamos. Yo me dejé caer en el sofá, ella volvió al salón con cara de pocos amigos, la miré alzando las cejas - ¿Pasa algo?

Sopló – Me tengo que ir a una rueda de prensa – Me encogí de hombros – Y encima me voy calentita – Solté una carcajada alzándome del sofá, la miré agarrándola por el mentón.

- No pasa nada, tenemos más días – Ella sonrió y yo le devolví la sonrisa – Anda vamos, no llegues tarde – Me encaminé al pasillo seguida por sus pasos. Salimos las dos a la calle volviendo a ser simplemente compañeras de trabajo con una grandísima amistad, lo bueno de Klein y yo era que pese a todos estos juegos obscenos, sabíamos que siempre estábamos la una para la otra. Ella sabía que yo estaba perdida e incondicionalmente enamorada de mi hermano, no se lo había escondido en ningún momento, no quería que se hiciera ilusiones de una futura relación entre nosotras, a pesar de estos juegos no pensaba tener nada con ella, mi corazón ya había elegido, y aún sabiendo que mi hermano estaba con otras chicas, no me tocaba otra cosa que resignarme y si él podía disfrutar con otras ¿Por qué yo no?. Vale que nunca llegaba a terminar, porque no me salía… Porque no podía o simplemente porque solo quería que me poseyera él. Pero jugar no estaba mal ¿no?

Siempre me pasaba lo mismo, cuando hacía algo con una mujer o con un hombre acababa comiéndome la cabeza, seré imbecil ¿Se la comería él mientras se acostaba con otras? ¿Se acordaría él de mí mientras se besaba, guarreaba o tonteaba con cualquier chica? ¡No pienses más Hei! Las cosas están bien así, por lo menos nos besábamos y no lo había perdido, pero las cosas se me escapaban de las manos… Lo sabía…

Me acerqué al supermercado y compré algo para comer, seguramente mi hermano había estado trabajando toda la noche y estaría muerto de hambre. Esperaba no encontrármelo con alguna cicatriz o algun moratón, odiaba verlo así, odiaba ver como su “trabajo” le hacía poner en peligro su vida, no le iba a echar nada en cara, sabía por qué había terminado metido en ese mundo y gracias a él habíamos vivido bastante bien… A pesar de que yo lo odiase en esa época, bueno, odiar es poco…

Flash Back

- Eres un jodido engreído. Te crees el dueño de esta casa y no eres nadie – Grité a mi hermano desde el pasillo, él estaba en la puerta de la cocina apretando sus puños con fuerza. Porque era mujer, si no seguramente, me hubiera soltado una hostia tirándome al suelo del golpe.

- Y tu eres una creída que solo sabe que enseñar las bragas – Me espetó. No recuerdo por qué había empezado la discusión, pero siempre que hablábamos era para discutir, para echarnos cosas en cara o simplemente, para insultarnos - ¿Quién te crees que paga esta casa?

- Que te jodan Tom, olvídame – Me giré yendo hacia la puerta, sacándole un dedo por el camino, si él no me pegaba seguramente acabaría pegándole yo. Mi otro hermano, Bill, se asomó por su habitación tras escuchar los gritos.

- ¿Otra vez peleándoos? – Sopló resignado ya ante nuestras típicas peleas, de niños de 4 años.

- Ha empezado él/ ella – Dijimos los dos a la vez, por lo que Bill rió y yo salí de la casa dando un portazo, echando pestes contra mi hermano.

Fin Flash Back

Llegué a casa de mi hermano y piqué al timbre. Cuando me abrió la puerta me fijé que tenía ojeras, seguramente habría dormido poco o nada, pero estaba igual de guapo. Sonreí ampliamente al verle, diós, no sé cómo lo lograba, pero era verle y salirme la sonrisa sola… Dicen que hay muchos tipos de sonrisas y se puede decir que yo era de esas personas que tenía multitud de ellas… Pero esa sonrisa, la que procedía del corazón, solo la lograba sacar él, iluminaba mis ojos de una forma que incluso a mí me daba miedo, hacía que brillasen como si estuviera viva y es que con el me sentía tan viva como hacía años que no me sentía… Y todo gracias a él…

Entré en la casa pasando por su lado, yendo directamente hacia la cocina, dejando las cosas con total normalidad. Tom comenzó a hablarme de que la noche anterior, una de sus ex había ido al pub a verle, mis celos empezaron a formase como un nudo en el estómago, pero hice un esfuerzo para mantenerlos ahí, tragando saliva varias veces. No era quién para pedirle explicaciones a mi hermano, así que actué como siempre, siendo la hermana pequeña la cual aconseja a su hermano mayor y es totalmente sincera ante lo que le ocurría.

- Alomejor piensa que le tienes ganas y que podéis follar libremente. Ya sabes como es Tom, es rara simplemente – Y es que su ex era rara, aunque lo que dije fue más por celos que por otra cosa, esto es meante ¿Cómo podía ser tan celosa? Vamos a ver, entre mi hermano y yo no habíamos acordado nada, él podía hacer lo que quisiera y yo también ¿Con qué derecho me estaba poniendo celosa? Lo sabía perfectamente, con el derecho de una tía completamente pillada por un tío…

- Hombre, por mi parte si podemos follar libremente, no estoy atado a nadie – Directo y rotundo. No puedo decir que no me dolió porque me dolio, pero como ya he dicho no era quien y era verdad, no estaba atado a mí como yo quería que lo estuviera, pero… ¿Cómo se podían atar dos hermanos? Una hora antes había estado apunto de tirarme a Klein, era solo sexo, simple morbo y aun así ahí estaba, celosa, bravo me estaba luciendo completamente, ni yo misma me entendía. – Al final les daré un pin que ponga “Pon un Tom en tu cama” – Reí ante su comentario, las chicas que le rondaban a mi hermano, tanto Flavia como las demás, incluyéndome a mi por supuesto, querían atarle, querían tenerlo para ellas y yo tenía miedo a que un día Tom viniera y me dijera que estaba saliendo con alguien ¿Qué iba a hacer si ocurría eso? No volver a besarlo… Diós… Miedo otra vez miedo… El cual disimulé.

- Pero ya no es solo por el sexo, ellas quieren estar contigo, atarte por activa y por pasiva – Pensé en alto sabiendo que Tom me estaba escuchando.

- Mi última novia fue Bar, no hay más – Bar… No había pensado en ella todo este tiempo. Mi mejor amiga casi mi hermana, mi amiga de la infancia, ex de Tom. Dios, ¿qué pasaba si ella se enteraba? Era horrible… Solo el hecho de pensarlo me ponía nerviosa, seguro que le sentaba mal, seguro que me pedía explicaciones, seguro que tiraría nuestra amistad de 19 años por el suelo… Mierda Bar…

- Si ya sé que fue Bar… - Fue lo único que logré decir. Me sonó el móvil era la melodía de un sms, ¿quién podía ser?. Ya había ido a hacer las visitas pertinentes para felicitar el año y con la demás gente había estado de fiesta por la noche. Duul había estado conmigo casi toda la noche entre risas y Angela no había dejado de beber, llendose a mitad de noche a echar un polvo para entrar con buen pie en el año… Tom se quedo en silencio - ¿Vás a coger el móvil?

Me había quedado pensando, así que fui hacia el bolso, que lo había dejado justo al lado de las bolsas y ví un sms de mi hermano Bill. La sangre dejó de correr por mi cuerpo, me puse blanca e incluso temblé al leer lo que ponía, era un sms reenviado desde otro móvil y conocía el número… Mi hermano Bill estaba hablando vía sms con… Ghetto…

“Cuando sepa por qué lo hice y todo eso, hablamos, mientras tanto, te vas a tomar por el culo”

La sonrisa, mi estado de felicidad, se borró de mi cara, mis facciones se tensaron, y mi cabeza solo lograba descifrar una cosa, daba pena… Ghetto había estado conmigo por pena, dolía, dolía muchísimo, era delito ese dolor, esa sensación de horror y sentirte la mujer más horrible de la ciudad… Tenía ganas de llorar pero no lo iba a hacer, no se merecía que llorase más por él, por su culpa, por su maldita culpa me había ido de la ciudad, había dejado todo lo que quería por asesinar mi alma y ahora que la estaba recuperando cogía él y volvía a machacarme. ¿Por qué no se olvidaba de mí? ¿Por qué no me dejaba?

- ¿Tanta pena doy? – Susurré sin apartar la vista del móvil, ví como mi hermano se colocaba detrás de mi leyendo el sms recibido, noté su tensión, sus puños aferrarse en su mano haciendo que sus nudillos se marcaran de una forma que daba miedo, respiró pausadamente detrás de mi cuello y hasta que no se hubo relajado del todo no habló.

- No, solo que él es imbecil… - Sabía que estaba enfadado pero no quería mostrármelo, prefería calmarme y que no pensará más de lo debido en el tema, podría haberme preguntado, podría haber salido por la puerta yendo a buscar a Ghetto a su banda y liarse de hostias, pero sabía que eso no me haría feliz, que lo único que quería era olvidar.

La ansiedad recorrió mi cuerpo, pensaba que estaba recuperada y no lo estaba, si que estaba mejor de cómo me había ido pero el dolor cuando Ghetto hablaba de mí, o el mero hecho de recordar el daño que me hizo, hacía que volviera a un estado de tristeza el cual podía controlar… - No seas tonta anda – Volvió a decirme mi hermano poniendo su mano sobre mi hombro, llevé mi mano a la suya apretándola con fuerza y solté un pequeño suspiro, estaba en la ciudad por él, él me mantenía lo suficientemente cuerda como para poder superar todo lo pasado…

- ¿Te apetece comer? – logré decir, girándome una vez recuperada la compostura, dejando el móvil en uno lado de la cocina. Estaba intentando controlar las ganas de decirle a mi hermano “Necesito comer con urgencia debido a la ansiedad” pero lo dije como si fuera lo más normal del mundo.

- Bueno si me la haces acepto – Sonreí y fui a la cocina abriendo su nevera, como bien había imaginado no tenía nada para hacer, saqué las hamburguesas y las patatas fritas comenzando a cocinar tranquilamente, con cuidado de no mancharme la ropa nueva, como me la manchase me iba a cagar en todo lo que se meneaba.

- ¿Qué tal con Puntis? – Pregunté como si nada, sabía que se veían casi todos los días y la verdad, siendo sincera, de todas las chicas que rondaban a mi hermano, Puntis era la que me gustaba para él, si es cierto que no me gustaba ninguna pero si había que elegir me quedaba con mi amiga, sabía que ella sabría la manera de hacerle feliz. Giré la cabeza viendo a mi hermano apoyado en el marco de la puerta mirándome con las cejas alzadas, como si lo que acababa de preguntar sonara a locura, yo me volví poniendo mi mano a una distancia prudente de la sartén para ver si ya estaba caliente el fuego – Es buena moza.

- Es la segunda vez que intentas venderme a Puntis – Noté la mirada de mi hermano fija en mi espalda, vaya, eso me hacia ponerme nerviosa.

- Yo creo que te haría feliz – Puse les hamburguesas en la sartén cuidadosamente, temía que al aceite le diera por saltar y me manchara entera…

- ¿Qué pasa? ¿Qué quieres quitarte el bulto de encima?

Me giré escrutándole con la mirada poniendo mis manos en la cintura un poco mosqueada por lo que acababa de decir – Oye que Puntis es amiga mía.

Sonrío de lado mirándome – Me refiero a mi tonta así no haces más incesto…

Suspiré volviéndome a girar, mirando hacia la sartén. ¿No volver a besarle? Bua sería horrible, mientras giraba las hamburguesas pensaba bien en lo que me había dicho, estaba claro cual iba a ser mi respuesta - No es que no quiera, porque si que quiero, pero quiero verte feliz con una chica, que te cuide y que te quiera, con la que puedas salir por la calle y besarla sin que nadie hable más de la cuenta – Ahora éramos la comidilla de la ciudad todo el mundo hablaba de lo que mi hermano y yo teníamos, aun no nos atrevíamos a besarnos en público, ni a salir a la calle juntos por las miradas, la gente habla mucho y le encanta el cotilleo, aun mas en Alemania que parece que mucha gente viva más en casas ajenas que en la suya propia y todo eran chismes y mas chismes, ocultar algo en esa ciudad era prácticamente imposible…

Saqué los platos del armario, conocía la casa de mi hermano como si fuera la mía propia, pasaba más tiempo ahí que en cualquier otro sitio al igual que él en mi casa, escuché una carcajada por su parte - No quiero ninguna relación de cuento de hadas, y tampoco quiero enamorarme de nadie, asi que nada de novias que intenten hacerme feliz – La frase “No quiero enamorarme de nadie” resonó en mis oídos un par de veces, ¿Así que yo era una más? No quería imaginármelo y menos después del sms que me había mandado mi hermano mediano en el que Ghetto dejaba claro por qué había estado conmigo… Aun así la verdad es que también me tranquilizó, si mi hermano no se enamoraba de nadie podíamos seguir haciendo lo que hacíamos hasta ahora.

- Eso no lo quieres ahora pero el día de mañana si puedes quererlo y Puntis sería una opción – Y volvía a lo mismo, ¿Por qué era tan pesada?

- Busca eso para tí, yo estoy bien así - Y otra vez sus palabras iban directas a que me comiera la cabeza ¿De verdad no le importaba que me pusiera a salir con otro? ¿Había pensado lo que significaba eso? Porque yo no dejaba de repetirme que estar con otro sería dejar de estar con Tom y no quería… Acaso… ¿Acaso el quería que terminara? Negué quitándome la idea de la cabeza, más ansiedad, vaya que si me había levantado feliz se me estaba jodiendo todo de golpe y porrazo, mi hermano se acercó a mi lado y abrió el cajón sacando los cubiertos, mientras yo, ponía la freidora y echaba las patatas fritas en ella. Se había hecho el silencio, y yo era de las personas que odiaban los silencios, siempre tenía algo que decir, siempre algún comentario, quedarme sin palabras era de lo más raro del mundo - Deberías de buscar, a tí te han hecho más daño que a mí que prácticamente no me han hecho ninguno. – Me dijo…

Se giró hacia el salón con los cubiertos en la mano, mientras yo sacaba las hamburguesas y las patatas colocándolo todo en sus respectivos platos. Los cogí llevándolos hacía el salón, si que me habían hecho daño, muchísimo daño, un daño que pensé que jamás se curaría – No me preocupa tener pareja o no – Meccc ¿Cómo era tan mentirosa? La respuesta ahí correcta hubiera sido: no me preocupa porque la única persona que quiero es a ti y no quiero a nadie que no sea a ti los demás son solo pura diversión. Pero no, el miedo al rechazo hacía que no dijera nada…

Mi hermano puso los cubiertos en la mesa junto con las servilletas, fijando su mirada en la mesa, estaba pensando algo y estaba ¿preocupado? - Al menos si alguien te diese cariño no pondrías esa cara de sufrimiento cada vez que hablas de Ghetto – Suspiré dejando los platos de la comida en la mesa, era inevitable ponerme mal cuando me hablaban de Ghetto y no quería hacerlo, no quería ponerme mal y menos delante de mi hermano, cuando me estaba dando tanto, cuando me estaba devolviendo a la vida, no quería que se me notase el dolor estando con él, pero para mi hermano no había cara que se le escapase y sabía que a pesar de que no volvería nunca con Ghetto, seguía teniendo el dolor perenne…

Volví a la cocina a por dos coca-colas las cuales saqué de la nevera, antes de salir me sonó el móvil ¿Qué pasaba hoy con el puto móvil? Suspiré y lo agarré dándole al botón de aceptar llamada… Encima número oculto.

- ¡Puta! – Trague saliva, esa voz… Esa mala leche… Diós… No podía ser, salí al salón blanca como la leche y Tom me miró frunciendo el ceño, quería que me tragase la tierra, sabía que tarde o temprano se enteraría pero ¿Tan pronto? ¿Quién se lo había dicho?

- Bar escúchame… - Quería explicárselo, quería contarle todo desde mi punto de vista, que lo entendiera, que me apoyase, su apoyo en estos momentos era necesario… Pero no parecía querer nada de eso, estaba enfadada y con razón, debí de habérselo contado yo pero… Pero no hay excusa…

- SI!!! No me hables en tu vida ¿Me oyes? ¿Qué creías que no me iba a enterar? Pero una pregunta ¿Cuándo yo te decia que estaba enamorada de Tom tú te reías de mí? – No eso nunca, yo apoye su relación desde un principio, incluso me compinché con mi madre para juntarlos… Yo quise que salieran y ella… Ella solo hizo daño a mi hermano, lo que jamás le eché en cara pudiéndolo haber hecho - Déjalo no contestes, pasa de mi, fin de la conversación…

- No fin NO Bar – Me estaba poniendo de mala leche, Tom no le pertenecía, era libre, ella lo dejó libre, ella jugó con los sentimientos de MI hermano – Él no era nada tuyo, no te pertenecía.

Mi amiga o ahora examiga se reía con ironía – No, pero uno, es tú hermano – Dió directa hacia donde sabía que tenía que ir, Bar a las buenas era muy buena pero cuando se cabreaba era la peor, sabía donde atacar, sabía que decir y no se callaba hasta que no te había hundido del todo – Y dos, sabes que yo lo quería – Le colgué, no quería escuchar más. Si ella no era capaz de escucharme a mí yo tampoco sería capaz de escucharla a ella… Miré a mi hermano, estaba con el tenedor dándole vueltas a la hamburguesa mirándola fijamente ¿En qué estaba pensado?... Sabía que había escuchado toda la conversación, incluso los vecinos de la casa de al lado habían escuchado la conversación tras los gritos de mi amiga… Pero ¿qué le pasaba a Tom? ¿Y si? ¿Y si seguía enamorado de Bar?... ¿Qué debía hacer yo entonces?

Pov Tom:

Era ridículo. Y aparte de ridículo dolía.
Había escuchado cada una de sus palabras, cada una de ellas, y tenía ese molesto nudo en la garganta cada vez que la escuchaba o sabía algo de ella.
¿Tenía algún derecho a comportarse así? Después de como se fue.
Sí, vale, nuestra relación había sido complicada, y habíamos acabado bastante mal, pero ni siquiera nos habíamos despedido, ni un 'adiós' o 'aquí acaba todo esto'. No. Simplemente ella se había ido sin mirar atrás, se había ido cuando yo ya me había enamorado de ella.
Seguía jugando con la hamburguesa, se me había cerrado el estómago.
No lo entendía ¿Por qué se había puesto así?, ella no me quería, de ninguna manera me quería, ¿la habia jodido tanto para que no quisiera que estuviese con nadie?. Tragué saliva para intentar bajar el bulto que seguía instalado en mi garganta, joder.
Me había costado tanto dejar de pensar en ella, dejar de recordarla, me había ilusionado tanto con ella que después, me había dado el ostión del siglo.
De esos golpes que te dejan sin sentido, que te levantas del suelo con un dolor de cabeza impresionante, buscando donde cojones se habrá metido tú corazón, porque lo que tenías en ese momento en el pecho no era tú corazón, no lo era. Aquél órgano que ocupaba su lugar, que palpitaba ya por sobrevivir, y dolía cada vez que lo hacía, que lo único que quieres es que pare de hacerlo. No podía ser el corazón.
Contando, que me enamoré de ella justo cuando... Cuando se fue. Iba a irme, antes de que Bar volviese a la ciudad, me hubiese ido, sin importarme nada. Aquél golpe dolía, dolía muchísimo y ahora me llenaba de nostalgia.
La que era mi mujer de aquella, se fue, yo mismo la eché de mi vida.
Y justo llegó Bar, ayudándome a llevar todo aquello.
No quiero recordar cuando se me cayó todo encima, que sentí las dos pérdidas clavarse en mí sin compasión. Esa vez si me fui. Y encima coincidió que Heidi tampoco estaba... Apreté los dientes. Oí hablar a Heidi, interrumpiendo mis pensamientos, pero no levanté la vista de la hamburguesa.

- Me esperaba algo así la verdad - ¿Que se lo esperaba? Sería la única, yo creía que a Bar le iba a dar igual que me hubiese liado con Heidi, pero claro, supongo que su orgullo no la dejó ver más allá. La cosa es que una amiga suya se había liado conmigo, y eso debía ser un pecado para ella. Ridículo.
Se hizo un silencio, no tenía ninguna gana de hablar, sabía que si lo hacía seguiríamos hablando de Bar y no quería, no quería hablar más de ella, no ahora que ya casi ni la recordaba, contadas veces me ponía mal al pensar en ella.

- Le estás dando vueltas a la cabeza -

- No... Estoy hecho una puta mierda ahora mismo -

- ¿Porque ha dado señales de vida? - Alargó su mano hasta ponerla encima de la mía, por alguna razón no quería que me consolase, y ese acto me dejó ver que me daba ánimos, y no los quería, yo tenía aquello superado, superado. Por lo que aparté la mano y en su lugar apoyé el codo en la mesa, dejando descansar mi cabeza sobre esa misma mano, aún en silencio, ella dejó su mano quieta de dónde yo había apartado la mía, ¿le habría sentado mal que la apartase?

- Me ha costado una burrada no pensar en ella - Miraba fijamente la mesa mientras hablaba, callándome creaba una situación incómoda, asi que mejor hablar, además era Heidi, no tenía problemas en hablar con ella de cómo me sentía - Poder pisar la ciudad sin echarla de menos, o preguntar si alguien la había visto - Soplé, ahora me había puesto de mal humor, parezco una menopáusica, con estos cambios de humor, asi era siempre que me ponía mal - La culpa es mía, por quedarme. -

- Nada ha sido tú culpa, eso no lo digas por que no es así, culpa tuya por quedarte - Se rió irónicamente y levanté la vista para mirarla, igual me había pasado diciendo eso - Y a mí que me dén ¿no? - Cogió el plato el plato de comida levantándose de la silla donde se había sentado - Me quedé sin apetito - Vale, le había sentado mal, joder...

- Duele joder... - Apoyé los antebrazos en la mesa, entrelazando las manos y apoyando la frente en ellas, mirando el suelo desde el hueco de mis brazos. Y tanto que dolía, me dolía como se acababa de comportar Bar, me dolía por que no entendía nada... -

- Sé que duele Tom, pero si la echas de menos ve a por ella - Oí el ruido del borde del plato en la mesa. ¿Ir a por ella? ¿Después de cómo se fue? Ni hablar, NI HABLAR.

- No voy a ir a por nadie - La oí suspirar, no lo iba a dejar estar ahí, lo sabía.

- Por lo menos habla con ella - Y dale.

- ¿Que yo hable con ella? - Me levanté de la silla tan deprisa que la silla cayó para atrás, haciendo un ruido seco. ¿Que YO hablase con ELLA? ¿No debería ser al revés aquí? - ¿Quién era la que desapareció? Claro, era mejor dejarme aquí tirado después de haberme enamorado de ella - Cogí el plato y lo tiré al suelo, ahí estaba en un pleno ataque de mal humor, donde me daba por romper cosas - No pienso volver a dirigirle la puta palabra.

Se quedó mirando el plato un momento en silencio y negó varias veces con la cabeza - No la has olvidado, sigues enamorado de ella - Me miró, y yo rechiné con los dientes, no estaba enamorado de Bar, ya no, yo a quién quería era... - Sé que te sentirías mejor hablando con ella, por eso te lo digo, no para que rompas toda la vajilla -

- De quién esté enamorado es mi problema - No se lo pensaba decir, ni hablar, si tantas ganas tenía de que hablase con Bar, no creo que le importase que de la que me había enamorado ha sido de ella, que a la que quiero ahora mismo es a ella. Me agaché frente al plato roto y empecé a recoger cada trozo, poniéndolos en mi mano - No tengo absolutamente nada que hablar con ella, ella no quiso explicarse en su día, yo no tengo que decirle nada ahora - Hablaba entre dientes, tenía un cabreo encima importante.
Se agachó frente a mí, y me empezó a imitar, recogiendo ella también los trozos.

-Sé que es tú problema Tom y no me voy a meter ahí, pero puede que te sintieras mejor hablar como si nada... -

- No, voy a hacer algo mejor - Le cogí los trozos y fui hasta la cocina, los tiré a la basura y volví donde estaba ella - Hacer lo que estaba haciendo hasta hace unos días.

Me miró con expresión preocupada, que sabía que le duraría poco, se iba a enfadar - ¿El qué?

- Irme, volver a venir la poca mierda que venía y sólo por cuestiones de trabajo. -

- Vale, pues ya hablaremos si coincidimos. -

Gruñí, ¿por qué habíamos llegado a esa discusión? Mierda de pronto que tengo cuando me cabreo, de no pensar lo que digo. La ví suspirar y morderse el labio fuertemente, mirando al suelo.

- Me quedé, por que te había echado de menos y después del otro día... Yo que sé, pero bueno todo acaba siempre patéticamente. -

- ¿Crees que yo no te echaba de menos a tí? Déjalo da igual, una se va por donde vino el otro día, no pasa nada - Se giró recogiendo lo que había quedado en la mesa, ¿tantas ganas tenía de irse?

- Tú tienes ganas de irte, por eso no te importa -

- ¿De verdad piensas que no me importa? Si tengo ganas, no lo discuto, pero después voy con mis broncas a todo el mundo por irse, cuando yo soy la primera en coger e irme y si me importa, porque aquí hay personas, dos o tres, que se merecen que siga luchando, que siga intentando salir adelante por mucho que cueste, y en momentos como el de hace un rato, donde Ghetto dijo que estuvo conmigo por pena, piense en ellos y no en coger la maleta y pirarme, porque tú te sientes como un juguete y yo siento que doy pena, no se diferencia mucho.-

Vale, me había dejado sin argumentos. Desvié la mirada al suelo. Joder, llevaba razón, como siempre.

- Y tú eres una de esas personas por las que merece la pena luchar -

- Si tú lo dices... -

Se acercó donde yo estaba dándome un beso en la frente - Espero que coincidamos algún día - Y pasó por mi lado haciendo el amago de irse hacia la puerta. No, aquello no... Una despedida no joder... Me giré y la cogí del brazo.
Se giró ella a mirar primero mi mano en su brazo, y después a mí, clavándome sus ojos azules en los míos, ¿cómo la iba a dejar irse así? La necesitaba...

- No voy a irme... Pero quiero seguir como estos días... - Aflojé el agarre, no quería que nada cambiase, quería esos besos, aunque sólo fuera eso. Se acercó un poco más a mí, dando un par de pasos.

- Nadie te está prohibiendo que no estés como estos días -

Solté su brazo - Creía que querías eso, como me decías de hablar con Bar. -

Se encogió de hombros, restándole importancia - Pensaba que si hablabas con ella te sentirías mejor -

- No se arregla nada ya, volver atrás no me haría estar mejor. - Quería avanzar, y no con Bar precisamente, pero eso claro, no se lo iba a decir.

- Pero quiero que estés mejor, por eso lo he dicho - Vale, mejor dejar ya el tema, porque al final le iba a acabar diciendo lo que quería para estar mejor, y no.

- Bueno, es igual - Pasé por su lado en dirección al sofá, esperaba que con eso ya dejásemos de hablar de Bar. No quería nombrarla más.

Pov Heidi:

Mi hermano no quería hablar más del tema y yo tampoco es que me sintiera muy cómoda, simplemente quería que mi hermano fuera feliz, me daba igual con quien, lo quería ver reírse, quería ver al Tom ilusionado, ese Tom que estaba escondido bajo su piel y millones de piedras que lo habían ido acribillando poco a poco…

Hacía 3 minutos estaba dispuesta a coger el coche y desaparecer, pero viendo que él se iba a quedar en la ciudad no podía irme. Podría huir a pesar de todo mi discurso, es lo que el cuerpo me pedía hacer, pero lo miré sentado en el sofá y sabía, tenía claro, que no lo iba abandonar de nuevo. Mi hermano no dejaba de comerse la cabeza, Bar había llamado en el momento menos oportuno, y yo seguía con la idea en mi cabeza que mi hermano seguía enamorado de ella… Ojalá, pensaba, ojalá yo lograse lo que logró Bar en su día, hacer que mi hermano se enamorase de mí… Pero era imposible… Si me veía como una mujer, pero también como su hermana…

Me acerqué a la ventana abriéndola, saqué la cabeza por fuera inspirando el aire, llenando mis pulmones de aire puro, tenía que pensar en algo para que mi hermano dejara de darle vueltas a la cabeza, cambiar de tema, pero era muy difícil cuando solo tenía en la mía que él seguía enamorado de mi amiga o diós, mejor dicho, examiga.

- ¿Me acompañarás a Italia a buscar una casa? – Era un buen tema del que hablar y hacia días que no lo mencionaba. Seguía con la idea en la cabeza, así que se me ocurrió que sería la única forma que mi hermano de primeras se sorprendiera de mi pregunta, para terminar olvidándose un poco de la llamada infortuita de mí móvil.

- Claro si quieres… - Hacer que se olvidase iba a ser difícil, cerré la ventana y me giré viéndolo mirar hacia el suelo. Impotencia, eso fue lo que sentí, estaba dispuesta a llamar a Bar y traerla de rastras a la ciudad si hacia falta, si mi hermano seguía así.

Me dirigí hacia el sofá medio arrastras. Cuando la persona que amas y encima es tu hermano, lo ves mal, se te parte algo en tu interior, es una sensación frustrante, no sabía si yo le podía hacer feliz con mis conversaciones tontas o con mis payasadas, pero por él si hacia falta, me disfrazaba de payaso. - Claro que quiero – Continué hablando de mi sueño llamado Italia - Y quiero una casa sin mucho lujo, que tenga jardín y una buhardilla, con terraza para pintar y poner un telescopio y asi ver la noche italiana – Llegué al sofá dejandome caer en él, a su lado – Ains de sueños también se vive.

- ¿Por qué no puede hacérsete realidad? Tampoco pides tanto – Apoyé mi cabeza en el respaldo, suspirando. Siempre había soñado con Italia y nunca había logrado más que unos cortos viajes allí, junto con él, pero el hecho de comprarme una casa allí sería el mayor sueño jamás cumplido, cerré los ojos imaginándomelo de nuevo.

- No lo se, es más sueño que otra cosa, no veo que vaya a cumplirse – Otro suspiro salió de mi boca - No creo ni que me la compre, sé que al final ni me moveré para ir a Italia – Me estaba contradiciendo, lo sabía y estaba dejando a mi hermano perdido en la conversación. Por lo menos ya me miraba y estaba pendiente de mi conversación, seguro que aun tenía a Bar en la cabeza pero ya no ocupaba todos sus pensamientos – Al final, seguro que no iremos, se me olvidará o tendré cosas que hacer, bah un sueño lilipu solo eso…

- Yo te lo recordaré entonces – Lo miré, parecía dispuesto a recordármelo y me encantaba ver como me miraba con esa sonrisa sincera, pero aun faltaba un poco más para que mi hermano sacara todo lo malo de su cabeza.

- ¿Vas a ser mi agenda personal?

- Depende de cuantas cosas me hagas recordar.

Me llevé una mano a la barbilla fingiendo pensar las cosas, aunque sabía perfectamente lo que iba a decir, pero me gustaba crear un poco de tensión en el ambiente - Haber, los cumpleaños de la gente, las citas con el peluquero que ya me empieza a salir la raiz rubia, el dia que tengo que ir a hacerme la revisión médica… Y ya se me irán ocurriendo más cosas…

Hizo una mueca muy tierna - Ni lo sueñes, te recordaré lo de Italia y ya – Sonreí y él se dió cuenta al momento que estaba tomándole el pelo, por lo que soltó un carcajada – Que mala eres hermanita.

Me encogí de hombros sin apartar la sonrisa restándole importancia al asunto – Ella no es mala solo picara en la cama – canturreé y él solto una pequeña risa. Sí, estaba sonriendo, ahora sí que se podía decir que Bar volvía a quedar a un lado en su memoría, había logrado lo más difícil y me alegraba de escucharle así, aún no le brillaban los ojos como seguramente me estaban brillando a mí, pero era un paso importante.- Se me ha olvidado decir lo guapa que soy que es lo importante – Cuando mi ego se subía no había nadie que lograra bajarlo, además su risa volvía a ponerme de buen humor, con el que me había levantado, alomejor no del todo igual, pero si se aproximaba.

- No te lo voy a decir que se te sube el ego – Puse un puchero mirándole con carita de pena – Me reniego a decirlo – Se rió y yo seguí insistiendo, con una sonrisa en mi cara.

- Vamos que hoy voy más guapa de lo normal – Él me miró de arriba a bajo, mirando como iba vestida hasta pararse de nuevo mis ojos - ¿O voy mal?

- Vaaaleee, estas preciosa – Me crucé de brazos haciéndome la ofendida y él río – Vamos no te ofendas – Le sonó el móvil y yo bufé. No me gustaba nada cuando le sonaba el móvil o era una de sus amigas o trabajo, le escuché levantarse del sofá hablando con alguien por teléfono – De acuerdo, ya voy – colgó el teléfono y me miró, me levanté del sofá llendo hacia el y me acarició el brazo cuando me acerqué – Me tengo que ir – Simplemente asentí, dejó su mano en mi brazo – Quédate, no creo que tarde.

Se giró y se fue… ¿Quién le había llamado? No me había gustado el tono de su voz, ni la forma en la que se iba dejándome ahí, aun pensando en si mi hermano seguía enamorado de Bar. Si es verdad que había logrado que se riera, había logrado que me prestara atención, pero aun así... Escuché la puerta cerrarse y me quedé ahí en su casa… Cogí el móvil, necesitaba hablar con alguien urgentemente para distraerme.

Pov Tom:

Fuí hacia el 4x4 maqueado, lo reconocía bien, me encantaba el puto coche que tenía. Maldito capullo, no me apetecía nada ir porque seguro que por su tono, venía a quejarse de alguno de mis chicos, o algo por el estilo.
Al acercarme le ví hacerme un gesto con la cabeza para que subiera al coche, por lo que abrí la puerta y subí, cerrándola después de sentarme.

-Espero que sea importante - Le miré, la verdad es que hacía bastante que no le veía. Ars casi siempre estaba fuera de la ciudad, y cuando venía era para encasquetarme algún bulto.

- ¿Qué tienes más importante que hacer que hablar conmigo? - Arrancó el coche, subiendo la ventanilla. Creido.

- Cualquier cosa es más importante que tú - Me crucé de brazos mirando indiferentemente por la ventanilla.

Se rió, ese era nuestro saludo de siempre. Los dos jefes, de bandas distintas, desde que le conocí, aveces parecía que nos odiásemos y otras que fuésemos colegas. Era mejor no buscarle explicación al asunto - No seas quejica y nos piramos de aquí que me estaban siguiendo - Arrancó el coche y se llevó la mano a la espalda, sacó la pistola dejándola encima del volante. ¿Qué había dicho yo? Este salía de una para entrar en otra, y lo mejor es que lo disfrutaba.

Miré por el espejo retrovisor con curiosidad, esperaba algún coche seguirnos pero no veía ninguno, qué pena, me hubiera encantado una persecución, habría bajado para algo interesante - ¿Qué coño has hecho ahora? -

- Ahora lo verás, que parece que tienes prisa - Conducía mirando por todos los espejos, ¿en qué mierda andaría metido ahora?

- No tengo prisa, sólo curiosidad - Seguía mirando por el espejo retrovisor, aún a la espera de esa persecución que no llegaba - Los follones en los que te metes son entretenidos.

Se metió en uno de los callejones aparcando detrás de dos contenedores - Baja. -

A sus órdenes gran jefe indio, psé, aveces le daría un puñetazo, no le tenía miedo al contrario, me moria de ganas de pegarme con él, es entretenido medirte con alguien que tiene una fuerza igual a la tuya. Bajé del coche cerrando la puerta, mirando el callejón por si había algún cotilla, él bajo del coche no sin antes coger la pistola volviéndola a guardar en su espalda, también escrutó el callejón de arriba a abajo, mejor prevenir que cargar con un cadaver ¿no? Le ví ir hacia el maletero por lo que le imité solo que por el otro lado y apoyé un brazo en el lateral del coche, esperando a que lo abriese. Abrió el maletero hacia arriba y no pude evitar reir a carcajadas, ahí había dos cuerpos de dos policias con un balazo justo en la frente, lo sabía, qué entretenido.

Me miró - No me preocupa el haberlos matado, si es de lo que te ríes. -

- No, no me río de eso - Señalé los cuerpos con un dedo - ¿No prentenderás endosármelos? Porque a mí cabar no me gusta - Además eran SUS muertos, por lo que era SU problema.

- Pues yo no puienso cabar - Se cruzó de brazos, en ciertos aspectos éramos parecidos - Además, los he matado porque uno de tus chicos es un incompetente. - Repito, ¿qué había dicho yo?.

- Pues haberle mandado cabar a él - Me encogí de hombros, ni en broma me iba a poner a cabar. - Ensúciate tú las manos.

- Al final mataré al puto Sam de los cojones - Sam. Soplé, si no lo mataba él al final lo haría yo, jodido inútil. Siempre tenía quejas de él, o movidas con él. No sé por qué lo seguía aguantando. Se acercó hasta los cuerpos y sacó las dos pistolas de los cinturones- Tú te quedas con esto. -

Guay, armas para mí, nunca venía mal tener de más. - Es un inútil, lo tengo asumido - Seguía mirando las pistolas, hasta que me las tendió. Alargué la mano cogiéndolas y las guardé en mi espalda, cuando vuelva a casa, tendré que escaquearme para esconderlas en la habitación, ya me las ingeniaré para ver cómo.

- Deja de mandarle trabajos para hombres, no estaré siempre para sacarle las castañas del fuego.

- Que lo maten, me importa poco o nada - Además de que me harían un favor. Le ví acercarse al contenedor de basura, abriéndolo.

- Ayúdame con los cuerpos, que no quiero que mi precioso coche huela más a muerto. - En eso lo entendía, ese olor era asqueroso, y tardaba en quitarse. Cojí uno de los cuerpos cargándolo y lo tiré dentro del contenedor.

- Lo vás a tener que dejar abierto un rato para que se quite - El imitó mis movimientos, tirando el otro cuerpo y cerró la tapa del contenedor.

- Les diré a tus chicos que me lo limpien con la lengua - Y ahí estábamos nosotros, hablando tan tranquilamente, tirando dos cuerpos a la basura, vamos, lo más normal del mundo, lo que se hace cada día.

- Grábalo si haces eso o llámame, que quiero verlo. -

Me dió con una mano en la espalda - ¿Nos vamos a ligar al pub? -

Reí, no cambiaría - Te las dejo para tí, a mi me esperan en mi casa - Me encojí de hombros restándole importancia, aunque sabía que él no se la quitaría.

- Vaya - Fue hacia el coche y yo hice lo mismo - No pierdes el tiempo, ¿la conozco?

Me subí al asiento del copiloto, cotilla, que es un puto cotilla, pero reí. - Mi hermana-

Él también subió al coche, cerró la puerta y metió la llave en el contacto - Cena familiar esta noche, ¿no?

Jmmm, casi hijo casi - Qué va, estoy liado con ella - Bajé la ventanilla y apoyé el brazo en ella. No me preocupaba en absoluto decírselo, era de los míos, habíamos visto cosas peores. Cuando me escuchó frenó en seco.

- ¿Quéeeeeeeee?! - Soltó una carcajada, y yo también reí, lo sabía. - Qué pervertido eres Vampire, follarte a tu hermana. -

Apoyé la cabeza en el respaldo sin dejar de reir - No soy un pervertido, simplemente paso de los límites - Uo, sonaba como un rebelde chaval.

Se rió y sacó el coche del callejón - Bueno, si un día no puedes follarte a alguna siempre tienes a tú hermana, joder, qué puta pena que yo sólo tenga hermanos. -

- Qué va tío, no deja de ser mi hermana y no la usaría - Volví a reir mirando por la ventana - Dale al mariconismo. -

Él también se rió - Payaso, no me tiraría a mis hermanos aunque si que me tiraría a tú hermana - Qué cabrón.

Le miré de reojo - Y te la corto-

Se encogió de hombros - Sería una pelea entretenida - Aparcó en frente de la puerta de mi casa. Bajé del coche y me giré a mirarle antes de cerrar la puerta.

- Te vás a quedar por la ciudad ¿o qué? -

Negó bajando la ventanilla - Me iré un tiempo de la ciudad, ya te avisaré. - Cerré la puerta, tampoco tenía prisa por volver a tirar cadáveres en contenedores.

- No tengas prisa en avisar, que siempre es para cosas como las de antes -

Se rió - De acuerdo miedica, hablamos pronto y ten un orgasmo por mí -

Le saqué el dedo y arrancó el coche. Me giré riendo y caminé hacia la casa. ¿Seguiría Hei ofendida? A mi ya se me había quitado todo el mal rollo después de lo de Bar, y me había despejado. La cosa sería como subo a la habitación sin llamar demasiado su atención, en fín, algo se me ocurriría.
Metí la llave y abrí la puerta entrando en mi casa.

Pov Heidi:

La puerta se volvió a abrir. Yo estaba en el sofá viendo la tele, cuando ví aparecer a mí hermano por el salón, lo escruté con la mirada, parecía no tener ningún moratón, ni ninguna herida visible, aun así ladeé la cabeza, él seguía sonriendo.

- ¿Aún ofendida?

Me quedé en silencio girando mi cara otra vez hacia la tele, mi hermano se acercó hacia el sofá sentándose a mi lado.

- Siempre hubo muchos que intentaron conquistarla. Otros tantos se quedaron hechizados solo con mirarla, en Cádiz supe que yo la quería y en Almería yo la hice mía – Mi hermano estaba tarareando esa canción, me giré mirándole sonriendo, él no era de cantar, es más, le daba un poco de vergüenza. Siempre decía que lo de cantar se lo dejaba a Bill, por eso me sorprendía mucho que estuviera ahí canturreando con toda la naturalidad del mundo.

-Te falta la guitarra y ya podríamos montar un guateque.

Parece que le había dado una idea porque se levantó del sofá subiendo por las escaleras hacia la planta de arriba, apagué la tele curiosa ante la espontaneidad de mi hermano. Lo ví bajar por las escaleras con la guitarra, a lo que yo solté una risa ¿Sería capaz de tocar la guitarra mientras me cantaba? Tom se sentó a mi lado en el sofá colocando la guitarra entre sus piernas, dió dos golpes en el borde de la guitarra marcando el ritmo y carraspeó.

-Siempre hubo muchos que intentaron conquistarla y otros tantos se quedaron hechizados solo con mirarla. – Rió mientra cantaba. Me levanté del sofá comenzando a bailar mientras reía viendo a mi hermano, él me miraba mientras yo bailaba al ritmo de la música - Eres la luz que deja ciego al que te mira y estoy soñando con hacerte mía – Cerró los ojos mientras se concentraba en la letra de la canción, me dí un impulso en la mesa baja del salón subiendo en ella comenzando a bailar encima de ella, con cuidado de no tirar las cosas. Abrió los ojos mirándome un segundo y volvió a fijar la vista en su guitarra, yo bailaba para él y él cantaba para mí, una escena normal y corriente. Los dos estábamos disfrutando de ese momento, nadie podía decir que esa mañana habíamos discutido, ni que habíamos estado mal - Aunque hace tiempo nadie a vuelto a verla, yo sé que ella no es una leyenda – Terminó de cantar mirándome y yo lo miré a él, los dos nos reimos a la vez - Los vecinos de en frente que te vean te tienen por loca seguro.

Miré hacía la ventana sin bajarme de la mesa por si había algún vecino cotilla mirando hacía la casa, todo el vecindario sabía que Tom y yo éramos hermanos, muchos decían que éramos un ejemplo a seguir de la buena relación que teníamos el uno con el otro, incluso padres con niños pequeños nos preguntaban como hacer que sus hijos se llevasen tan bién como nosotros. ¿Qué pasaría si ahora supieran el cambio en nuestra relación? Habían rumores que incluso habían llegado a Bar, la cual estaba fuera de la ciudad, así que me imagino que nuestros vecinos ya tendrían la mosca detrás de la oreja, cotilleando cada gesto, pero no había nadie observando - Bueno que piensen lo que quieran, ademas, tú eres vecino mío ¿qué opinas de mi como vecina?

- Eres la típica vecina buenorra por la que cualquiera babea – Rió. Ese comentario me gustó, me gustaba que mi hermano me viera así, me gustaba que mi hermano me piropeara y no como el típico piropo que le dice un hermano a una hermana, sino un piropo que le dice un hombre a una mujer.

- Tom cuidado con lo que dices recuerda que todo el mundo sabe nuestros lazos de sangre – Me bajé de la mesa, él dejo la guitarra con mucho mimo al lado del sofá de pie y se levantó quedando enfrente de mí, seguía poniéndome nerviosa cuando tenía a mi hermano tan cerca, era inevitable. Verle ahí, frente a mi poder, ver cada una de sus facciones provocaba en mi un sin fin de sentimientos.

- Pues naaada – Se apartó yendo a paso pausado hacia la cocina - Nos comportaremos como hermanos y ya ¿no?

Cada vez que Tom decía algo así no podía dejar de pensar en lo mismo ¿Podría comportarme yo como una hermana normal? ¿Podría renegar de sus labios? - Oh sí, soy la hermana perfecta – Puse los ojos en blanco dejándome caer en el sofá boca a bajo, hundiendo mi cara en el cojín, volviendo a hacerme las mismas preguntas, de las cuales ya estaba un poquito harta. Era un hecho que estaba enamorada de mi hermano, eso ya no se podía negar, pero no pensaba decirselo, si alguna vez él acababa con otra mujer que no era yo, lo aceptaría, me dolería por supuesto que si, pero lo aceptaría…

Escuché agetreo en la cocina, estaba abriendo las puertas de la nevera y de los muebles buscando algo, sonreí, seguro que venía con un hambre atroz después de lo que fuese que había hecho esa tarde - Claro que sí, a partir de ahora buenos hermanos ya verás qué bien – Rió. ¿Buenos hermanos? ¿Acaso éramos malos hermanos? A pesar de haber pasado la línea, no me sentía mala hermana, podía llevar bien los dos sentimientos contrapuestos, quería a Tom como hermano pero lo amaba como hombre, no pensaba dejarlo solo en ningún momento, pese a lo que fuera que pasase y quería seguir compartiendo con él esos momentos en los que nos fundiamos en un beso, que nos hacía uno, haciendo que me sintiera como si me hubieran cosido a él con hilo invisible.

- Claro dos modelos a seguir como siempre- Me volteé en el sofá quedando boca arriba mirando al techo con las manos cruzadas encima del estómago… Y vuelta a pensar, diós, nunca en mi vida le había dado tantas vueltas a un asunto como le estaba dando a ese, yo había vuelto para solucionar unos problemas, no para darme cuenta que estaba enamorada de mi hermano. Había vuelto para una temporada, no para deshacer mi maleta y quedarme en la ciudad. ¿Cuántas veces había dicho que me iba a ir? ¿Cuántas veces lo había pensado desde mi vuelta? Millones y ahí seguía ¿Por qué? Porque no podía separarme de él. No podía alejarme de él, no podía estar a kilómetros de distancia de la persona la cual amaba.

-¿No quieres ser un modelo a seguir? – Se asomó por encima del sofá clavando sus ojos en los míos, mientras comía un trozo de chocolate que había encontrado por la nevera medio vacia de su casa. Los ojos de mi hermano eran expresivos, se podía ver todo lo que pensaba por ellos, aunque últimamente me costaba mucho descifrarle, es como si hubiera puesto una especie de plástico entre él y yo para que solo viese las cosas que él quisiera que viera, por lo que me sentía perdida.

- Ahora no quiero ser un modelo a seguir ¿y tú? – Fui sincera con él, no me tembló la voz ni el pulso en decir lo que en ese momento quería decir. Estaba cansada de ocultarlo todo, ya costaba mucho reprimir lo peor, que era lo enamorada que estaba.

Se pasó la lengua por los labios relamiéndose el chocolate que había quedado en ellos - Yo no sé - Tragué saliva… “Yo no sé” ¿Qué quería decir eso? ¿Qué narices intentaba decirme con el “yo no sé”? ¿Quería que volvieramos a ser hemanos como siempre lo habíamos sido? ¿Quería que dejáramos de besarnos? Si esa mañana me había dicho que quería que todo siguiera como hasta ahora, se contradecía, y a mi me descolocaba… ¿Sería por Bar? ¿Se habría dado cuenta, en el tiempo que había estado fuera esa tarde, que seguía enamorado de ella? Si era así que me lo dijera, que fuera sincero… - Déjame un sitio o me tumbo encima – Cuando dejé de darle vueltas al asunto me ví a mi hermano a mi lado, comiendo con una mano estirada en el sofá, esperando a que le dejara un sitio.

- Mmm ¿qué me das a cambio de que te deje sitio en el sofá? – Me acomodé bien a lo largo del sofá, para hacerle un poco de chinchar, él levantó una ceja.

- ¿Me vas a cobrar peaje? – Puse mi mano en la barbilla pensando mientras miraba al techo, él ladeaba la cabeza esperando mi respuesta. Le iba a pedir un beso pero aun tenía sus palabras en la cabeza, así que simplemente me eché hacia un lado quedando pegada al respaldo del sofá, ladeada, dejándole espacio, él se inclinó un poco hacia delante sin sentarse aun en el sofá, lo justo para que su cara y la mía quedaran a escasos centímetros, me estaba descolocando aun más de lo que estaba – Gracias por el hueco - Sonrió y pegó sus labios a los míos dándome un beso corto el cual yo le devolví, sin entender muy bien la situación que estábamos viviendo, creo que si yo tenía un cacao mental mi hermano no era menos. Se tumbó en el sofá a mi lado también girado mirando hacia mí, agarré su mano entrelazándola a la mía, un gesto de cualquier pareja de enamorados, un gesto que no sabía si procedía o no en ese momento pero me apetecía tocarle, notar su fuerte y grande mano junto a la mía pequeña, sentir que estaba ahí, que estaba compartiendo un momento exclusivo, tenía miedo al rechazo o que apartara la mano pero él acarició el reverso de la mía con delicadeza y a pesar de que yo no lo estaba mirando pues tenía mi vista fija en nuestras manos entrelazadas él si me miraba a mí.

- ¿Has hablado con Bill? ¿Le has contado lo que ha pasado verdad? – Moví mis ojos hasta encontrarme con los suyos, yo no se lo había contado por lo que me imagino que había tenido que ser Tom, recordaba la llamada teléfonica en la que Bill me decía que era cierto que mi hermano y yo habíamos traspasado la línea, aunque también podía haber sido la mamá, aunque si Bill había hablado con la mamá seguramente no estaría a nuestro favor y la verdad, necesitaba gente a favor de lo que estabamos teniendo y que no dijera que estábamos cometiendo una locura. Tom asintió ante mis preguntas sin soltar mi mano, acerqué mi cara hasta la de él rozando mi nariz por su nariz en un juego infantil - ¿Y puso el grito en el cielo?

- No tanto, dice que mientras no nos jodamos mútuamente – Eso era lo último que quería hacer, joder a mi hermano, hacerle daño, no podía hacerle algo así o todo se iría a la mierda. Le dí un beso en la nariz para bajar hasta sus labios los cuales también besé. Tom sonrió ante mis gestos tan naturales y es que con él me salía solo comportarme así, a veces dábamos la sensación de ser una pareja normal y otras en cambio una frase lograba bajarte a la realidad, como la que mi hermano estaba apunto de decirme - Sabe que no estamos pillados asi que no se joderá nada – Y Pom, de vuelta al suelo, estampándome con la realidad del asunto. Él piensa que no estoy pillada por él, normal, era lógico, y él me dejaba claro que no estaba pillado por mí, entonces, ¿qué era para él?. ¿Simples besos? ¿Simples acercamientos? ¿Era una chica más? Lo que más me dolía no es que el reconociera que no estaba pillado por mí, sino, el que me metiera a mí en el mismo saco. Me iba a girar, me iba a levantar, quería salir de ahí o acabaría diciendo cosas sin ninguna lógica, descomponiendo a mi hermano en dudas que no hacía falta que tuviera. Algo tuvo que pasarle por la cabeza para besarme primero el labio superior y luego el inferior, sacándome del círculo de dudas en el que me estaba volviendo a sumergir, como siguiera sumergiéndome iba acabar hundida en sentimientos y contradicciones y tampoco quería eso.

Sonó el timbre de su casa y miré a mi hermano. No sabía quién era y la verdad es que importarme no me importaba mucho, pero me había sacado de mis pensamientos porque fuese quien fuese había hecho que todas mis atenciones se las llevara el timbre de la puerta, el cual volvío a sonar con más insistencia. Esa forma de llamar solo podía ser una persona - ¿Sabes quien es verdad? – Susurré para que no se oyera mucho, mi madre cuando se ponía pesada no había quien la bajara de esa pesadilla.

- He cambiado la cerradura, que se pire – Soltó nuestra enlace de las manos llevando su brazo a mi cintura, aferrandome con él, acercandome un poco a su cuerpo. Pasé mi mano por su brazo haciendo un camino con la yema de mis dedos por encima de su sudadera, de arriba a bajo, si antes estaba llena de dudas ahora solo tenía una idea en la cabeza, él solo él hacia que todo dejara de existir. Mi hermano rió ante la insistencia de mi madre y escondió su cara en el hueco de mi cuello dando pequeños besos ahí, haciendo que mi piel se erizara por segundos ante el tacto de su labio caliente haciendo contraste con el frío de su piercing. Le dí un pequeño beso por encima de sus trenzas, ese día solo llevaba un pañuelo atado en la frente raro en él que siempre llevaba una gorra.

- ¿Volviste a ir al psicólogo? – Él se movió un poco, alargando una mano hacia su bolsillo de delante buscando algo en él.

- Nah, para reirme me pongo la tele. Aunque me ha estado llamando y hasta me mandó un sms – Me tendió el móvil una vez que lo había sacado de su bolsillo, yo lo agarré yendo directamente al menú de mensajes, buscando el que quería, aunque la verdad ahora que tenía el móvil de mi hermano en mi poder me apetecía cotillear un poco más, pero me resistí.

Tosí leyendo el sms primero para mí y después en alto, riendo - "Tom, no puedes dejar de venir. Podemos lograr que te dés cuenta que lo que haces no lo haces porque quieres, sino, es tu subconsciente el cual al estar muy unido a tu hermana provoca que tus sentimientos confundan terminos de querer y desear, no os deseais, ni podeis estar juntos, no mantener mucho contacto debido a que solo os tenéis cariño de hermanos. Tom cógeme el teléfono y ven pronto será todo gratuito tienes mi palabra" - volví a reir - Diós la biblia te escribió ¿le contestaste?

Tom me agarró el móvil - Sí por supuesto, tenía que ser cortés – Leyó en alto la contestación que le había dado al doctor - "Con todos mis respetos doc, váyase a la mierda" .

Reí a carcajada limpia - Muy educado sí, se vé que tienes una buena educacion ¿Qué piensas que diría el papá? – No se porqué me vino de pronto mi padre a la cabeza. Sabía que nos había abandonado por su amante sin preocuparse de nosotros lo más mínimo, puede que ni si quiera nos echara de menos, pero yo no podía dejar de pensar que alomejor lo hizo por culpa de mi madre, aguantar a una mujer como mi madre era muy difícil y yo sabía que mi padre nos quería con locura. Yo era la niña de sus ojos y no porque me comprase todos los caprichos del mundo, ya que no teníamos mucho dinero, sino por la forma en la que nos cuidaba siendo primero nosotros y por último él. No le echaba en cara su partida, el tiempo que estuvo con nosotros había sido un buen padre, a pesar de que su forma de educar era muy severa, por lo menos nos dejaba cometer nuestros propios errores, nos monstraba las dificultades de la vida o la forma en la que todo podía ir a peor…

- Seguramente me daría una paliza hasta que se me quitasen las 'tonterias' de la cabeza- Qué raro era hablar del papá…

- Y a mi me daria con el cinturón en el pompis o me llevaría a un convento de monjas de clausura.

- Opto por lo segundo y a mi al ejército de cabeza. Bueno al menos no me aburriría en el ejército y podría hacer gamberradas allí.

- Hasta que te expulsaran del ejercito, capaz te veo, aunque dicen que los militares ligan mucho…

Mi hermano abrió los ojos desmesuradamente para después levantar un poco la cabeza mirando por encima del sofá, ¿Buscaba algo?

- ¿Se fue?¿Sin insistir demasiado? Qué raro – Hablaba de la mamá. Me quedé quieta escuchando el ruido de fuera, no se oía nada, eso si que era raro, no me había dado ni cuenta en que momento había dejado de sonar el timbre, simplemente estaba en silencio, mejor la verdad, aunque si que era muy extraño para que negarlo. Siendo mi madre me la veía incluso forzando la puerta para entrar, me incorporé un poco mirando hacia la puerta también, apoyando mi mano en el pecho de Tom, sin otra intención más que la de mirar hacia la puerta sin caerme a un lado del sofá, cuando noté la mano de Tom acariciándome la mejilla desde el principio de mis ojos hasta abajo volviendo a subir por ella, moví un poco mi cabeza hacia el lado que me acariciaba. No quería que dejase de hacerlo, me gustaba que me tocase como si me fuera a romper de un momento a otro, no podía saber como unas manos como las de Tom podían acariciarme con esa suavidad, como unas manos tan grandes se centraban en esa parte de mi cuerpo con tanta delicadeza, haciéndome sentir una verdadera muñeca de porcelana. La mano que tenía encima de su pecho la comencé a mover sobre sus pectorales haciendo dibujos con mis dedos, como excusa para poder acariciarle más, aunque solo fuera por encima de la camiseta. Hacía días que solo nos besábamos, estaba bien así, pero empezaba a necesitarlo de nuevo, mi cuerpo comenzaba a necesitar a Tom pegado a mí, poseyéndome, atrapándome entre sus manos, jugando con mi cuerpo y yo jugando con el suyo, amándonos sin importarnos absolutamente nada. Tom entornó los ojos, no se si porqué pensaba igual que yo o porque había notado lo que en ese momento me apetecía, pero no quería parar, por mucho que mi cabeza me pidiera que lo dejara, mi cuerpo reaccionaba solo y subi mi mano por su cuello haciendo círculos en el hueco del mismo, acaricié su nuez despacio, muy despacio, no quería prisas; solo quería tocarle, mi hermano llevo su mano hasta mi vientre acariciándomelo por encima de la camiseta hasta acabar en mi costado… ¿Él no quería acariciarme? ¿Por qué no lo hacía? Dejé de tocarle, dejando mi mano muerta sobre su cuello… Otra vez de vuelta a la realidad…

- ¿Sabes? – Miré a Tom – Juraría que el médico es gay… - ¿Había ignorado mis caricias? Suspiré resignada - Seguro que por eso se esta tomando tanto interés, o puede que piense que así, te puede llevar a la otra acera – Fue lo único que logré decir, se empezaba a notar un poco de tensión en el ambiente y no estaba yo de humor para parar esa tensión, había sido una estúpida acariciadole así, ¿Cuándo me iba a dar cuenta que entre Tom y yo las cosas no eran iguales que con otro hombre?

Me mordío la barbilla intentando que el ambiente se rebajase – Cuando se me quite la vena incestuosa tal vez me lo plantee – Diós, otro chocazo contra el suelo, joder, hoy era el día ¿o qué? Y vuelta a comerme la cabeza, mi hermano hoy tenía un gran día.

Sonreí falsamente - ¿Por qué no te veo de gay? – ¿Mi hermano gay? Que yo supiera, en la vida solo había probado el acostarse con un hombre una vez y porque iba ligeramente alcoholizado y drogado; pero jamás se me había pasado el hecho de que alguna vez se pasase de acera, le gustaban mucho las mujeres como para eso.

- Porque sería un desperdicio – Rió – Además yo a ti tampoco te veía de lesbiana y mírate.

Abrí la boca desmesuradamente, yo no era lesbiana ni me iba acostando con todas las mujeres que se me ponían delante – Oye yo no soy bollera, me siguen gustando más los hombres que las mujeres.

- Quizás te iba mejor con las mujeres – Y dale con el temita, al final le iba a dar en todos los morros y no un beso precisamente, yo estaba bien como estaba ¿Cuándo le iba a entrar en la cabeza?

- ¿Por qué no dejas de buscarme pareja? – Ya me estaba dando la sensación que quería deshacerse de mi, si eso era así acabaría yo tajantemente con lo que fuese que tuviéramos.

- Porque tú haces igual – Dish, había dado en el clavo. Pero porque yo quería que encontrase a la chica perfecta para él, la que le hiciera feliz, joder… Yo tenía asumido que me iba a quedar para vestir santos pues no quería a nadie en mi vida que no fuera él, pero él no tenía que correr la misma suerte que yo – Además no quiero ninguna chica ideal para mí - ¿Me estaba leyendo la mente? Vamos ni que lo hubiera dicho en alto – No quiero a nadie conmigo.

¿Nadie? ¿Y yo qué era? Bueno, su hermana, con la que se besaba… Aunque por dentro sonreía, si no quería a nadie con él, a ninguna chica, yo podría seguir como hasta ahora con él por mucho tiempo, hasta que se cansase del incesto como había dicho. Era un poco masoca por mi parte, otra seguramente lo hubiera cortado de raíz, no hubiera dejado que fuera a más, después de esa conversación y de la forma en la que había cortado mis caricias… Pero yo no, yo era yo…

Miré por la ventana suspirando, llevaba todo el día encerrada - ¿Vamos a dar un paseo por el parque?

- Bueno – Se levantó quedando enfrente de mi tendiéndome su mano, la cual agarré dandome impulso para levantarme del sofá, quedando en un momento frente de él que sonrío de lado al ver nuestra proximidad.

- Abriguémonos, que hace frío – No quería volver a ilusionarme con que mi hermano fuera a tocarme, seguramente solo…

- Mientras estés cerca, créeme que frío no tendré – Me dejó sin aire, su cara se aproximaba a la mía minuciosamente, y ya estaba empezando a sentir como mi cuerpo, de nuevo, me suplicaba más aproximación, si me encontraba otra vez con el mismo corte de antes volvería a pisar la tierra dándome de bruces con ella, pero mientras, me gustaba seguir flotando.

Me acerqué quedando a escasos centímetros de su boca, alomejor no podíamos hacer más que besarnos, por mucho que mi cuerpo lo pidiese a gritos, pero no iba a apartar mi cara de la suya, quería que me besase ya, que me devorase, que… - ¿Nos daremos en el parque calor corporal? – La pregunta iba con segundas, un leve tono rojizo apareció en mis mejillas. Yo no había hablado y mi cabeza aun menos, había sido mi cuerpo, el que había exijido que pronunciara esa pregunta.

Mi hermano soltó mi mano, haciendo que por una milesima de segundo me arrepintiese de haber dicho aquella frase, pero una nota de alivio apareció en mi cuerpo cuando sus manos se colocaron en mi cintura con mucha suavidad, arrastrándose hasta el final de mi espalda, donde las entrelazó apoyando unos dedos en el principio de mi trasero - Si quieres… - Fue más una afirmación que una pregunta, claro que quería, quería que nos diéramos todo lo incalculable, que nos fundiéramos en uno… Lo quería a él.

Subí mi mano por su hombro hasta entrelazarla en sus trenzas, no lo soportaba más asi que deslicé la punta de mi lengua resiguiendo su labio, de comisura a comisura, saboreando cada pequeña parte, dejándome su sabor en ella y me separé apenas unos milímetros, viendo su labio de arriba ligeramente humedecido por mi saliva. Susurré – Si quiero…

- Hacía tiempo que no le tenía tantas ganas a alguien.. – Mi respiración se volvió apresurada y sus manos se pegaban más a mi espalda haciendo una presión en ella para que nuestros cuerpos quedasen pegados en uno al otro. Notaba su entrepierna sobre la mía, sus caderas se movían sobre nuestra ropa circularmente, haciendo un roce excitante que me ponía el vello de punta - A todas putas horas – Escuchar el deseo que tenía Tom de poseerme, al igual que yo lo tenía por él, hacía que mi cuerpo quisiera más. El roce de la ropa empezaba a molestarme y notaba el calor centrarse en una parte de mi cuerpo.

Introduci una de mis piernas por entremedias de las suyas, subiéndola lentamente por la cara interna de sus piernas, hasta rozar su miembro con mi rodilla, de una forma provocativa, para volverla a bajar igual de lento. El mero hecho de rozarle con la rodilla hacia que entrase en una burbuja, quería hacerle disfrutar, quería ver sus rasgos marcados - Podría estar todo el dia en la cama desnuda a tu lado – Susurré en su oido mientras insinuaba lo que quería, lo que me gustaría poder hacer. Me encantaba jugar con él en los momentos así, todo daba pie a que ibamos a volver a acostarnos y oh diós, como lo necesitaba. Si me dieran a elegir cualquier lugar del mundo, hubiera elegido ese momento y ese lugar.

- Mmm si aún quieres ir a pasear, es tu momento de decirlo- No quería ir al parque, no quería salir de esa casa, no quería separarme de él. Quería que siguiéramos tocándonos y que fuera a más. Sus manos deshicieron el enganche que tenían al final de mi espalda hasta bajar a mi culo, el cual apretó marcando sus dedos en él mientras su cara dejó de estar frente a la mía para bajar hacia un lateral de mi cuello, el cual succionó una parte de mi piel, haciendo un minúsculo chupetón. Quería que me marcase, que pudieran preguntarme de qué eran esas marcas, quería que siguiera. Una de mis manos no aguantó más la espera y se coló sin miramientos por el filo de su camiseta levantándola lo sufiente como para poder rozar su piel lisa y suave por encima del filo de su pantalón. No pensaba, simplemente me dejaba llevar por el deseo, ese deseo que era un pecado demencial a los ojos del mundo y para mí era el cielo…

Se separó de mí lentamente, retrocediendo. No entendí muy bien esa forma de separarse, por una milésima de segundo me entró el temor, pero la sonrisa ladeada de Tom me confirmó que no había nada que temer - ¿Sabes lo que te falta por probar de la casa? La cama de la habitación de invitados – Se pasó la lengua por los labios relamiéndoselos, entrecerró sus ojos mirando a los míos de forma lujuriosa, como animales en celo a punto de saltar el uno sobre el otro, comiéndonos con la mirada, desnudándonos con ella. Y es que, a pesar de ya conocer su cuerpo, quería volver a recorrerlo, buscando nuevos escondites, nuevos lugares que mis manos no hubiesen aun tocado.

Me pasé la lengua por los dientes sin apartar la mirada de la suya, me pase la bola del piercing por ellos jugando con él llamando la atención de sus ojos que bajaron hasta ver los movimientos que hacía de mi lengua - ¿Dónde esta la habitación? –

Parecía estar esperando la palabra clave, pues una vez preguntado, se giró hacia las escaleras subiendo por ellas y no tardé en seguirle. Andaba detrás de él y aunque no se giró para ver si lo seguía podía escuchar mis pasos muy de cerca; una vez en la segunda planta se levantó la camiseta dejando que viera su espalda al descubierto, me fijé en cada minúsculo punto de ella, sus omóplatos bien formados, sus hombros rectos, su columna marcada por esa fina linea vertical… Se paró en una de las puertas apoyando su costado en el marco de ella, esperándome.

No fui directa hacia él, no me gustaban las prisas y menos sin saber cuando podría repetirse. Apoyé mi espalda en la pared, enfrente de él, mirándole a los ojos con la mayor provocación del mundo. Llevé mi mano hasta el último botón de mi camisa desabrochándolo uno por uno ante su atenta mirada, sonreíamos los dos dedicándonos esa sonrisa sincera. Se apartó del filo de la puerta andando hacia mí, acercándose, hasta poner la mano en mi vientre ahora descubierto acariciándolo simplemente con el pulgar, acercó sus labios a los míos, pasando su lengua delineándomelos, humedeciéndomelos, haciendo que su saliva quedara impregnada en ellos. Me desabroché el último botón de la camisa moviendo un poco mis hombros para que se deslizara por mis brazos hasta caer al suelo, miré sus pectorales y puse mis manos abiertas sobre ellos empujándolo hacia la habitación, mientras él reculaba y yo le empujaba, no dejábamos de mirarnos, si se pudiera hacer el amor con la mirada Tom y yo estaríamos llegando al limite.

Una vez sus piernas tocaron el filo de la cama lo empujé en ella haciendo que cayese acostado, pasé una rodilla por un lado y la otra por el otro quedando sentada encima de sus muslos a horcajadas, pasé mi lengua por el filo se su cintura, quería que su sabor quedara bien marcado, una de mis manos desabrocho el botón de su pantalón.

Sabía que sus manos tampoco iban a estar quietas y las llevo hasta mi pantalón tirando de él hacia abajo sin miramientos en el botón, haciendo que cedieran un poco ante sus intentos logrando que se bajasen hasta el principio de mis muslos, los cuales rozo con sus manos acariciándolos. Parecía no muy contento asi que siguió de nuevo bajándome el pantalón, quería ver más, tocarme más y yo quería que lo hiciera. Le hubiera ayudado a quitarme el pantalón pero estaba muy pendiente de desabrochar los suyos y despojarle de ellos junto con su boxer quedando denudo completamente ante mi, me relamí los labios cuando ví su miembro, quería hacerlo y pensaba hacerlo – ¿Te acuerdas por qué me hice el piercing de la lengua?

Tom me terminó de quitar los pantalones, llevando la mano por mi entrepierna acariciándome fuera del tanga con su mano abierta, haciendo que entrase más en calor, estaba preparada ya para todo, podía hacer de todo pero no quería, quería más tiempo para nosotros - ¿Por qué te hiciste el piercing? Ahora mismo no tengo los recuerdos demasiado nítidos.-

Me pasé la lengua por los labios monstradole mi piercing, bajando mis caderas hacia atrás dejándolas apoyadas en sus rodillas, me incliné hacia delande y sin ningún pudor recogí con mi mano su miembro acercando mi piercing a él, pasándolo por la punta de su entrepierna circularmente, girando al momento levemente mi cara hacia un lado para pasarlo primero por un lateral, volviendo a bajar hasta el principio y repitiendo el mismo movimiento por el otro lateral. Él arqueó su espalda, me dejó entre ver lo mucho que le gustaba el jueguecito que me llevaba entre manos, no dejaba de mover mi lengua de un lateral a otro de su miembro provocando jadeos en mi hermano, los cuales hacían que mis sentidos se dispararan queriendo jugar más. Enredó su mano en mi pelo apretando sus dedos, no lo soportaba más, quería volver a escuchar un jadeo suyo provocado por los movimientos ágiles de mi lengua, ya había jugado lo suficiente con sus laterales ahora tocaba jugar un poco más. Así que, atrapé su miembro con mi boca, moviendo mi mano por arriba de su miembro compaginando ambos movimientos, ahora tiraba de mi pelo soltando jadeos, cada vez que pasaba mi piercing por el principio humedeciendo la punta en lametones.

- ¿Por qué no te das la vuelta? – Jadeaba, haciendo su proposición más excitante – Así nos entretenemos los dos – Alcé los ojos para encontrarme con que tenía el ceño fruncido. La idea provocó en mí un calambrazo de placer al final de mi espalda, hubiera podido seguir haciéndole disfrutar a él pero necesitaba también me tocase, egoista de mi, quería que sus jadeos se unieran a los míos y solo quería que fuera él quien los provocase.

Ante de apartar mi boca de su miembro dí varios lametones más y sonreí descaradamente. Levanté un poco mi trasero de sus rodillas y pasé una pierna hacia un lado y la otra hacia el otro, quedando de espaldas a él, sin poder verle la cara, los gestos… Pero la situación en la que estábamos me gustaba, el pelo comenzaba a estorbarme por lo que me lo tiré hacia un lado dejándolo caer sobre mi hombro. Llevé de nuevo mi mano hasta su entrepierna, no quería que las cosas fueran deprisa así que, pausadamente, comencé a mover mi mano, recogiendo con ella todo su miembro - ¿Así mejor no? – Fue una provocación, quería oírle, saber que la persona que tenía detrás de mí era él, que no era un sueño y que después de tantos días deseándolo estábamos los dos de nuevo, tumbados en la cama, apunto de hacer estallar esa habitación en gemidos.

- Mejor sin duda – No pronunció mucho más, apartó mi tanga hacia un lado dejandome descubierta ante él y alzó un poco su espalda mientras yo seguía moviendo mi mano de esa forma tan pausada. Noté sus labios húmedos entorno a mi entrada pasando su lengua caliente lentamente, solté un suspiro ante el primer contacto acercando de nuevo mi boca hacia su entrepierna, volviendo a introducirla igual de lento, una vez ya la tenía dentro subí y baje mi cabeza lentamente haciendo que su miembro rozase las paredes calientes de mi boca. Mordió mi entrepierna sin que yo me lo esperase, de forma suave junto con un pequeño gruñido, volviendo a lamer esta vez más rápido mi entrada, comiéndome con la lengua cada parte que encontraba, apretándola fuertemente justo en el lugar indicado para que yo me retorciera de un placer irremediable, que hizo que cerrara los ojos con fuerza, mientras aumentaba el ritmo de mi boca y de mi mano paulatinamente. Su cara se giró mordiendo, tirando y succionando cada minúsculo espacio que encontraba de mi entrepierna, con su respiración entrecortada que chocaba con ella. Apreté mi mano entorno a las sábanas aferrando mi mano a ella por culpa de lo que hacía mi hermano y lo bien que sabía manejarse en ella, como si siempre lo hubiera hecho, sabiendo justo donde provocar que mi cuerpo notase calambrazos de placer. Moví mi lengua en círculos alrededor de su miembro entre suspiros seguidos, los cuales no podía reprimir. En un momento mi cuerpo se tenso al notar la lengua de mi hermano en mi entrada simulando una penetración con ella, sacándola de ahí para volver a pasarla a lo largo de mi entrepierna apretando su mano en mi pierna ahogando un suspiro. Abrí un poco más mi boca intentando introducir su miembrohasta que rozase mi paladar, pasando suavemente mis dientes sobre ella, sin poder hacer nada tuve que sacar su miembro de mi boca echando la cabeza hacia arriba ante lo que hacía mi hermano soltando un jadeo ahogado, apretando mas mi mano entorno a la sábana. La mano que tenía mi hermano en mi pierna la soltó, exactamente no se lo que hizo, pero dejé de notar su lengua, para ahora notar pasar dos dedos húmedos por esta demasiado rápido, tanto que como siguiera moviendo sus dedos así no tardaría en llegar al límite y no quería, aun necesitaba sentirle dentro de mí.

- ¿Te vas a decidir a cabalgar o tengo que empujarte yo? – Escuché el rechinar de sus dientes.

Giré la cabeza lo justo para poder verle la cara sudorosa, los labios rojos y sus ojos repletos de necesidad. A los dos nos había pasado lo mismo, si seguíamos así no aguantariamos mucho más y tanto él como yo queríamos sentirnos más de lo que ya lo estábamos haciendo; él me lo dejaba ver entre sus ojos y yo se lo había confirmado con mi jadeo ahogado que había hecho que soltase su miembro de mi boca - Me toca manejar, aunque no se – Cambié mis piernas de sitio volviendo a quedar de frente a él sentandome sobre su cintura, mirándonos a los ojos, volviendo a tener su cara enfrente de la mía. Los dos ya teníamos la respiración algo entrecortada pero no queríamos parar - Si estás preparado – Levanté mis caderas volviendo a agarrar su entrepierna con mi mano rozandola por mi entrada de forma circular sin llegar a hacer que entrase, quería que los dos nos relajáramos para poder aguantar más en el momento que él volviera a formar parte de mi cuerpo - ¿Lo estás?
- Preparado para todo – Apoyó su espalda en la cama de nuevo cogiendo aire - Cuando quieras… - No podía esperar más, y ante su petición bajé mis caderas poco a poco y completamente haciendo que entrase en mí, soltando su miembro apoyando mis manos en su cintura. Subí un poco mis caderas otra vez, despacio, volviendo a bajar, no fue una vez solo, lo que provoqué que mi hermano entrase de esa forma en mí, lo hice varias veces sintiéndole dentro, era él quien estaba ahí, era él quien estaba debajo de mí cuerpo, aun no me creía que su miembro se acoplase tan bien a mi entrada. Tom tiró la cabeza hacia atrás en cuanto comencé con un ritmo lento, de su boca salían suspiros largos, no sé si su deseo de tocarme era tan necesario como el mío, pero sus manos se guiaron a mí cintura apretando sus dedos en ella, cuando rozó tan solo sus manos con mi piel apreté mis piernas entorno a sus muslos haciendo mi entrada un poco más estrecha, subía y bajaba mis caderas alternando movimientos rápidos con lentos entre jadeos entrecortados. Tom entreabrió sus labios sin dejar de suspirar, pasándose la lengua por ellos, lamiéndose el piercing; sus manos subieron de mi cintura hacia delante rozando mi vientre, delineando con sus dedos mi piel hasta llegar a mis pechos, me quitó el sujetador de un tirón con tanta fuerza que acabó rompiéndomelo, lo dejó a un lado de la cama, llevando sus manos de vuelta hasta mis pechos, apretándolos.
No pude evitar soltar una pequeña risa entre jadeos, ante lo que acababa de hacer el bestia este – Siempre… Dejándome sin ropa… Interior – Moví mis caderas de delante hacia atrás y de arriba a bajo compaginando ambos movimientos, sin apartar la vista del hombre que me volvía loca.
Soltó una pequeña carcajada mezclada con un gemido, verle así hacia que no quisiera parar de moverme – Recuérdame el regalo… De reyes – Ví como aguantaba el aliento durante unos instante soltándolo de golpe, acerqué mi cara hasta su cuello mordiéndolo, dejándole una pequeña marca de mis dientes por la cual dí pequeños besos mientras subía el ritmo de mis movimientos cada vez a más. Tom tiró la cabeza hacia atrás, moviendo sus caderas hacia arriba aferrandose a mis movimientos, pellizcando mis pechos con dos de sus dedos; arqueé un poco mi espalda llevando mis manos de su cintura hasta sus muslos, apretando más mis piernas entorno a las suyas, volviendo a hacer mi entrada estrecha lo que hacia que su miembro sintiera las paredes de mi entrepierna entorno a él. Soltó un gemido subiendo su espalda agarrando mi cara con sus manos juntando nuestros labios, haciendo que sus suspiros acabaran en mi boca intentando acallarlos, jadeé fuertemente haciendo que sus suspiros se juntaran con los míos, no sé cómo lo hice pero comencé a moverme a un ritmo desenfrenado, seco, rápido…

Umm.. - Mordió mi labio con fuerza - Hoy te rompes... Tú sola – Enredó de nuevo su mano entre mi pelo tirando de él con fuerza, apretando un poco más su otra mano entorno a mi pecho, no lo puede guardar más y gemí fuertemente pasándome la lengua por donde Tom me había mordido, mirándole a los ojos un segundo, acercando de nuevo mis labios a los suyos susurrándole entre ellos lo mucho que me gustaba entre suspiros, sin dejar de apretar mis manos en sus muslos debido a los calambrazos de placer que empezaban a concentrarse en mi cuerpo. Juntó nuestros labios besándonos con desesperación, rabía, brusquedad, entrelazando nuestras lenguas como si fuera lo último que hiciéramos en nuestra vida, como si no nos fuéramos a tocar más, con nuestra respiración agitada. Abrió sus piernas haciendo que las mías también se hicieran hacia un lado, provocando una entrado profunda, nos separamos un segundo para coger aire mirándonos a los ojos, negando con la mirada, volviendo a enzarzarnos en el beso, sin dejar de movernos al unísono. No podía más, mi cuerpo se convulsionaba en calambrazos de placer que no podía reprimir y él lo noto, dejé de moverme rápido para hacer movimientos pausados esperando a que llegara, no tardó en llegar después que llego y arqueó su espalda dejándose caer sobre la cama, me dejé caer yo encima de él sobre su pecho, los dos estábamos calmando nuestras respiraciones; me pasó los brazos por la espalda rodeándome con ellos y cerré los ojos escuchando sus latidos apresurados. Mi hermano con mucha suavidad, me quitó el pelo de la espalda pasando sus dedos por mi columna, después de un rato asi me dejé caer a su lado en la cama pasando una pierna por su cintura abrazándolo, y él me acariciaba el costado, se respiraba tranquilidad.

- Cuando te canses del incesto dímelo, siempre nos lo contamos todo y quiero que siga así - ¿A qué venía eso? Sus caricias seguían igual de tranquilas, alcé los ojos mirándole sin entenderlo muy bien, lo que si que tenía claro es que no me podía cansar de él, era algo que sabía…

- Claro que te lo diré y tú me lo dirás a mí ¿vale? Si te hartas antes me lo dices. -Si él tenía miedo a que me cansase yo también lo tenía, que él dejara de sentir lo que fuera que sintiese por mí, quería que no amaneciera nunca y que nos quedásemos ahí horas y horas, abrazándonos desnudos piel con piel.

- Lo dudo, esperaré a que te hartes tú – Se encogió de hombros y yo cada vez estaba más confusa ante esa conversación, no me la esperaba y me vino de sorpresa que sacara el tema teniendo más valor que yo en poder hablar tranquilamente de sus sentimientos.
- ¿Por qué estas tan seguro de que me voy a cansar?
- Yo tengo mis razones que no te voy a decir ahora mismo – Rió, pero su risa no era una sonrisa alegre, era más una risa forzada para bajar el tema de conversación.
- ¿No me lo vas a decir? - Pasé una mano por su columna deslizando mis dedos por ella.
- No, confórmate con saber que te cansarás tú antes – Pego su frente a la mía y yo sonreí sabiendo que no iba a ser así, sabiendo que yo no me podría cansar de el, que era él quien me robaba las sonrisas todos los días - Seguro que encuentras un buen tío – Cerró los ojos como si lo que fuera a decir le costara mucho- Y te fijas en él, te hace recuperar las ganas, hace que sonrías y hasta te hace feliz, eso como mínimo. -
Suspiré, si él se sinceraba yo también podía hacerlo - Tú eres la persona que me esta robando las sonrisas ahora –Mientras hablaba no dejaba de acariciar su espalda - Y puede pasar al revés, que tú encuentres una tía de lujo y que te sientas atado a ella para que te haga feliz. -

- Las tías buenas no se fijan en tíos como yo, soy demasiado complicado –Suspiró - Además me estoy quedando por tí, vuelvo a venir a la ciudad por tí, si no seguiría viniendo la poca mierda que venía – Me alegró mucho saber que se estaba pillando por mí, que si que le gustaba… Pero sabía que entre él y yo no había nada y que tarde o temprano encontraría a otra.

- Eso es mentira, sé que hay una chica por ahí para tí y que será perfecta – Le miré completamente seria, yo no sería la chica perfecta para él pues era su hermana, pero él tenía derecho a ser feliz - Si no quieres venir no tienes que hacerlo, por mí podemos desaparecer, irnos los dos – Aparté la mirada de él para mirar a las sábanas.

Se quedó completamente serio - Si es lo que quieres… -

- Si tú estás mejor sin venir y yo te estoy haciendo esforzarte en venir... Pues entonces sí que es lo que quiero – Salí de la cama con impotencia, con una sensación de mal estar, esa podía ser la última vez que abrazara a mi hermano, a la persona que amaba y ahí estaba yo, poniéndome mi tanga intentando no pensar y darle muchas vueltas.
Él estaba completamente quieto si no fuera por el susurro hubiera pensado que estaba sola en la habitación - En ningún momento lo he dicho por mí, sé que te duele aún todo, yo lo digo por tí.. -

Me quedé incrédula escuchándole, no le entendía estaba perdida en cada palabra suya -¿Por mí? – Me tapé los ojos con las manos frótandomelos con los dedos - A tí también te duele todo Tom. -

- Pero estos dias me pesaba todo menos – Ví como apretaba los puños - Por eso estoy tan pegado a tí cuando estamos juntos, me duele menos – Se volteó en la cama poniéndose de lado dándome la espalda -Pero bueno, supongo que es igual. -

Lo miré dándome la espalda, el corazón me pedía que se lo dijera, me volví a acotar a su lado abrazandole por la cintura, dándole un pequeño beso en la nuca dejando mis labios ahí - No te separes de mí, no sabes lo mucho que hacia que no sonreía y tú lo has logrado... -
Se giro mirándome a los ojos y yo lo miré asustada -¿Tienes miedo verdad? A que se vuelvan a llevar tu sonrisa, pero piensa una cosa – sonrío tristemente, claró que tenía miedo, todo el mundo tiene miedo a que se lleven algo que te ha costado mucho volver a recuperar, algo que tenías pensado no volver a recuperar, y cuando te acostumbras a la oscuridad de tu vida y aparece de nuevo una luz en ella, es entonces cuando el miedo se apodera de nuevo de tu cuerpo, si tenía miedo - Estamos por igual, igual de quemados, igual de dolidos, si tienes miedo a algo es posible que yo me sienta igual – Me leyó lo que estaba pensando y me acarició la mejilla –
- Tengo miedo a que lo que ha tardado tanto en venir se vaya de golpe, tengo miedo a perder a quien ha logrado que lo haga... – No sé como aun no había empezado a llorar, la verdad es que tenía ganas de hacerlo pero sus caricias me calmaban, me hacían darme cuenta que él seguía ahí.
- No olvidemos la promesa, los dos juntos- Sonreí – Y vamos a dormir Rubia – Me dió un beso corto cerrando los ojos y apoyó su cabeza en el hueco de mi cuello.
- Buenas noches lilipu – Le dí un beso corto cerrando los ojos, apoyando mi cabeza en la suya abrazandonos los dos… Pensando en que cada día estaba más irremediablemente enamorada del chico que había entre mis brazos, ese chico el cual compartía mis mismos genes, mi misma sangre, ese chico único y exclusivo para mí.

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